Ni a pesar de la diferencia de horario, el reloj aún no marcaba las doce, varias Cinderellas que gozaban de las fiestas del Upper East Side; huían con demasiada prisa de aquel maldito encantamiento. Por los largos y huecos pasillos del New York Public Library, se escuchaban, pasos apresurados de extravagantes tacones de elfos, que …















