Religiosamente, Alessandro Michele, es un santo patrón. La inimaginable devoción que posee, es tan enigmática de canonizar. Su resucitada proyección artística tan barroca como maximalista y aquellos mágicos dotes que pavonean entre la aseguradora simplicidad de la primavera minimalista, fueron dispuestos en una opulencia ansiada y frenética, que sacudió las vísperas de la semana de …










