Literalmente, quedé atontado y mareado, cuando las modelos empezaron a correr y jadear desesperadamente contra luces estroboscópicas y una oscuridad que les impedía proseguir hacia el infinito (el otro lado del escenario) con sus descomunales lívidas crinolinas de estilo Tudor y enmarañados cabellos de Isabel I, que confusamente, las protegían de tropezar a toda costa …










