Pese a que una turbulencia de incertidumbre y caos sucumbía el futuro de Balenciaga hacia el fango, un sentido de humanidad renació en la maison. El regreso de Pierpaolo Piccioli a la moda fue, sencillamente, grandioso.
Decidido a marcar un punto de inflexión y mantener una intencionalidad disruptiva, el talentoso maestro dio hincapié a forjar una metodología que evocará los innumerables códigos de la casa Balenciaga a lo largo de las décadas. Con el perfeccionismo y la ingeniería textil de sus predecesores a su disposición, su misión era clara: liberar a las mujeres de las restricciones.
Este homenaje, titulado “el latido”, fue una sinfonía de “las formas arquitectónicas de Balenciaga”. El vocabulario de la marca se refrescó con un enfoque que vuelve a redescubre sus principios básicos. Aunque Demna cambió radicalmente nuestra percepción de lujo, Piccioli se inspiró en el Sack Dress diseñado por Cristobal en 1957.




Obvio, el legado del resto no fue desterrado: hubo guiños a la obra del diseñador ucraniano en las gafas de mosca que lucieron las modelos. Este gesto de continuidad con la alta moda urbana contrastaba con la simplicidad voluminosa del fundador y en los sombreros de montar de Nicolas Ghesquière.
La tela y el aire se fusionaron en la pureza del primer look: un vestido de noche negro, largo y con escote en V, desfasado en la parte superior y con acompañados guantes blancos de ópera. Impecables y suntuosos resultaban los vestidos con forma de capullo y trapecio, adornados con la fluidez de plumas y flequillos. Volantes abullonados se arropaban en una especie de bermuda-falda o ¿culottes?, mientras otros se remataban hasta el suelo, combinados con esculturales tops de cuero o t-shirts.




El street style y haute couture regresaron cargados de un euforia que ni siquiera los pantalones negros estrechos, ajustados a un cinturon con una hebilla B pudieron resisitrise a la comodidad de unos flip flops con plataforma que recalibraron las prendas de noche en una fantasía veraniega.
Aunque no hubo sweaters oversize ni sneakers jumbo, era palpable la intención de Piccioli: devolver la sofisticación y la emoción a una casa que necesitaba reencontrarse con su esencia con optimismo.





