Balenciaga Fall 2025 Couture: Demna dice ‘bye’ a su era más caótica

El último cántico de Demna se pronunció esta mañana, envuelto en la sobriedad disruptiva de su colección de alta costura para Balenciaga. Tras diez años al frente, su estancia marca el cierre de un periodo que marcó a toda una industria. Su impacto ha provocado toda clase de emociones y perspectivas: asco o cariño. Pero es imposible no sentirse atraído por su contundente excepcionalidad. 

En estas últimas semanas, Demna se ha dedicado a recordar – o mejor dicho, inmortalizar – su legado en la maison con una exposición transgresora de su obra y el constante posteo de imágenes en redes sociales. La nostalgia se apoderó de él, pero no desea seguir atado al pasado. Quiere avanzar.

Este desfile tal vez no pudo satisfacer las expectativas de la mayoría, pero se valió como un homenaje al legado de Cristóbal. Una visión libre de pretensiones y fanfarronerias que manifestó los códigos de Balenciaga. Un gesto de agradecimiento a quienes lo acompañaron a crear proezas técnicas que marcaron la cultura post-internet. 

Un punto crucial de su despedida fue su inclinación por una estética de gala, alejándose de la rebeldía callejera. Eso sí, fiel a su irreverencia, no olvido satirizar los arquetipos de la vestimenta: abrigos opulentos con hombreras “Nosferatu”, que resaltaban con la sofisticación burguesa de sus vestidos bustier esculturales “princesa de Monaco” de satén, embellecidos por una dramática simplicidad de antaño. 

La sastrería —convertida en una de sus especialidades— fue interpretada desde el odio por lo tradicional. Exageró proporciones volumétricas de los sacos al estropearlos con una desfachatada holgura que responde ante la necesidad de lucir elegancia corporativa “suave”, es decir, bombers inflados y chaquetas de motociclista. 

Con esta colección, Demna reafirma su obsesión con la perfección imposible. Las fotografías oficiales, lejos de plasmar suntuosidad, capturan un diálogo real entre la alta costura y lo cotidiano.

Una carta de amor a París. 

La satisfacción permea en aquel vestido de novia crinolina de encaje blanco: el broche de oro que simboliza una nueva transición en el viaje de Demna, cuya siguiente parada es Gucci. Aún tendremos el lujo de presenciar una versión renovada de él. 

“La moda vive al borde del mañana, impulsada no por lo que sabemos, sino por la emoción de descubrir lo que viene después”.

Resto de looks:

Alberto Jimenez

Alberto Jimenez

Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda, es un favorito aperitivo de degustar