Chanel Resort 2027: La calle de las sirenas

Matthieu Blazy tiene una obsesión por el mar. Se evidenció aún más en los promocionales de su primer desfile crucero para Chanel, donde la modelo Noor Khan interpretaba a una sirena, misma que cerró el show con un vestido turquesa de lentejuelas con una cola que evocaba a ese ser mitológico.

Y quizá inspirado en aquel clásico animado de Disney.

Elegir la capital europea del surf, Biarritz, no fue mera coincidencia. Fue ahí donde Coco Chanel fundó la maison en 1915, sentando las bases de la elegancia femenina contemporánea. En la Villa de Larralde —a un paso del casino y las playas— instaló una boutique, un taller y un apartamento. Lejos del rigor parisino, aprovechó la oportunidad para impulsar diseños ultra relajados, chic y deportivos que se volvieron una sensación entre la clase aristocrática.

Hoy, Blazy volvió a reafirmar esos orígenes.

“No soy un experto en la historia de Chanel”, remarcó Blazy. “Pero estos son los puntos de partida y luego añadimos nuestras propias capas de fantasía”. Sin embargo, la colección dista de ser una reverencia y se acerca más a un trabajo con una dosis de ironía y kitsch que juega con la tradición.

Pese a las comparaciones desmedidas con su predecesor, Karl Lagerfeld, que han generado descontento y pesimismo en parte de la clientela establecida, Blazy ha despertado un interés genuino por diseños saturados de imaginación y humor. Esa lucha con el puritanismo no lo distrae. No pretende ser serio y resulta fascinante que se inspire hasta en lo ordinario. En ese sentido, la inspiración crucero resulta más evocadora que literal.

Cada vez más inmerso en el espíritu de la marca, presentó su versión de la petite robe noire en un elegante vestido de cintura baja bordado con ribetes lineales de estilo art déco. Incluso, los bañadores de antaño se transformaron en vestidos mini combinados con botas de lluvia altas, haciendo que los gorros de natación se vean hasta lindos.

Atreviéndose a ir más allá del tweed y las perlas, hizo que el traje falda se viera más beachy––¿turística?––con proporciones más holgadas y envuelto en un festín de rayas inspiradas en la ropa tradicional vasca, toallas de clubs de playa, el filme «Buscando a Nemo» y los marineros del siglo XX. Claro, todo animado por el layering característico de Blazy, que eleva las piezas con sencillos jerseys combinados con faldas de pliegues con motivos de arrecife.

Hasta los pareos se transformaron en drapeados fluidos.

La logomanía tuvo un protagonismo leve––los accesorios fueron quienes se robaron la atención–– aunque en los looks de dos piezas —camisas de manga corta y pantalones desenfadados— no funcionaba tan bien como en un vestido de tirantes blanc et noir con hombreras caídas que llevaba la doble C a lo largo.

El lado artesanal de Chanel se mostró más alegre con un vestido rojo que recordaba a un coral, flores tropicales que se impregnaban en abundancia en un traje falda azul, y otro negro de crochet que lucía como telarañas y los vestidos de escamas. Incluso, Blazy lanzó su versión del “paper dress”, con dramáticos volantes que adornaban la falda acampanada.

Puede que todo resulte disparatado––y extraño–– pero la esencia de Coco sigue ahí.

Alberto Jimenez

Alberto Jimenez

Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda, es un favorito aperitivo de degustar