Tras visitar la Capilla Sixtina, una revelación iluminó a Daniel Roseberry para confeccionar una fantasía embellecida por la mano divina y la alquimia de Schiaparelli. El núcleo emocional se ancló en una imaginación salvaje y visualmente romántica, proveniente de las escenas bíblicas que se pintaron durante el renacimiento.
La alta costura se vuelve cada vez más opulenta y extraordinaria––pese a limitada distribución–– cuando la imaginación no se abstiene del control y la moderación. “La agonía y el éxtasis” se apoderaron de una obra técnicamente compleja, pero sorprendentemente menos rígida.
Asimismo, Roseberry quería responder dos preguntas esenciales: ¿cómo se ve la alegría? y ¿de dónde viene la alegría? Hay tanto por lo que estar furioso hoy, pero el texano encontró destellos de luz en una sublime chaqueta blanca de hombros pronunciados, cuyo cuello se transforma en un ala ligera bordada con miles de plumas con efecto sfumato, pintadas a mano y realzadas con cuatro picos de pájaro esculpidos a mano en 3D en tonos marrones y malva.




Con una apuesta firme, diseñó piezas que realmente te dejaban estupefacto y ante su belleza eclesiástica. Las hermosas criaturas del paraíso y del abismo se envolvían en un vestido de encaje blanco con hombros definidos, cortado íntegramente a mano y montado sobre tul con efecto de bajorrelieve y motivos 3D sujetos con agujas; un vestido bustier de crepé de lana negro adornado con una cola de cocodrilo trampantojo en punto de satén; y un “Isabella Blowfish”: una chaqueta espolvoreada con cristales y púas de organza inspiradas en un pez globo, acompañada por una falda a juego cubierta de pedrería negra.
Si bien, Roseberry se inspiró de las criaturas del Edén, su mente también se turbó por la hermosura letal de la fauna venenosa del averno. Surgieron las hermanas escorpión: vestidos bustier transparentes que se prolongan en colas de invertebrado, bordadas en encaje con motivos 3D sujetos con agujas y rematadas con faldas de lana de caviar negra. Maravillas temáticas que aluden a la fascinación de Elsa Schiaparelli por el mundo animal, llevadas a nuevos horizontes con los pechos de cuerno de ¿venado? de una chaqueta de encaje de oro cubierta con un degradado de nácar blanco.




Absueltos de las impurezas mundanas, la virtuosidad artística de Roseberry nos cubre con el manto protector de Schiaparelli. En una dosis de rareza, el arcángel Gabriel llega a rescatarnos de la oscuridad, iluminado con un espiral de mariposas de encaje completamente hecho a mano, una obra que requirió más de 4,000 horas de bordado. El Miguel Ángel de la moda nos recuerda que toda creación nace de la emoción.





