Presentada en la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo —donde se inaugura la exposición After. Un Percorso di Lavoro. Fendi/Karl Lagerfeld 1985. After Steps Through Work—, el debut de Maria Grazia Chiuri para la línea haute couture de Fendi se convirtió en un manifiesto que honraba tanto el legado artesanal de la firma como una declaración de emancipación femenina.
Como una de las pocas mujeres al frente de una importante casa de moda, la diseñadora italiana se propone suavizar la figura ceñida por el Ozempic con vestidos de silueta lánguida y toques románticos. Alejándose también de la idea de hacer ropa con fines de viralización en internet, su narrativa juega con la fluidez del tiro bajo de los años veinte, reflejada divinamente en un vestido flapper en tono champán con bordados de cuentas metálicas en forma de motivos arqueados.




Entre un caftán con estampados geométricos —inspirado en un vestido que lució hace un siglo Emilie Flöge— y un kimono largo de terciopelo negro que se asemejaba a una vestidura papal, notabas que su reinvención revelaba un gusto por hacer que el cuerpo respirara con la simplicidad inmaculada de unos pantalones fluidos y anchos.
Rechazando por completo el drama ostentoso que ofrece París, Chiuri no quiere oprimir a la mujer contemporánea con propuestas que le impidan moverse con soltura. Muchos la acusan de ser demasiado monótona, aunque su postura fomente otros valores. «A menudo, cuando pensamos en alta costura, pensamos en formas y líneas, ya que los materiales no influyen, pero en Fendi es al revés, porque la alta costura de la marca partió de un material específico y no de la forma o la confección», declaró a la prensa.
Ciertamente, se podía apreciar el refinamiento de los acabados convertido en una fantasía de cuento de hadas: capas en tono pergamino con retales de piel y cuero transformados en motivos florales––en especial con borlas que se asemejaban a gatitos y un chaleco blanco con flecos––así como una sastrería sofisticada con un traje que recordaba al New Look, solo que reinterpretado con pantalones acampanados fluidos y gabardinas de cachemir. Diseños que elevan sutilmente el virtuosismo artesanal de Fendi. «La idea era que es el cuerpo el que, de alguna manera, da la silueta. No es algo que se construye», remarcó Chiuri.




Aunque también dejó que su toque romano fuera un poco más extrovertido y sensual con los vestidos finales de corte al bies, transparentes y de silueta sirena, confeccionados en encaje con suaves drapeados e incrustaciones que reforzaban su idea de que es el cuerpo el que da la silueta.
En efecto, Maria Grazia se siente en casa, demostrando su capacidad para crear maravillas sumamente exquisitas, íntimas y con un toque profundamente humano.




