El repentino fallecimiento del legendario Valentino Garavani sacudió a toda la industria. Una figura que se convirtió en parte de la mitología italiana, revelando el esplendor y la magia de la feminidad contemporánea. Su vasto legado hoy se preserva con gratitud y respeto a través de Alessandro Michele, quien presentó un desfile de alta costura tan conmovedor como fabulosamente original.
Michele escribió en las notas de su desfile que era “consciente de la deuda que tenía” con el fundador de la casa, y esta declaración se materializó en un espectáculo dedicado a su memoria bajo el título Specula Mundi. En su honor, el desfile comenzó con un fragmento del documental de Matt Tyrnauer, Valentino: The Last Emperor. En el audio, el diseñador recuerda cómo se enamoró de las revistas, el cine y la moda: “Soñaba con estrellas de cine, con todo lo bello del mundo. Mi madre me decía: ‘Eres un soñador, siempre sueñas, sueñas, sueñas’.”
Devoto al glamour clásico de Hollywood, la opulencia kitsch de Michele se forjó con una mirada reverencial hacia su época dorada. Entre el exceso y lo divino, su propuesta se elevó de forma profundamente cinematográfica.




Basándose en la idea de apreciar la moda con delicadeza y concentración, Alessandro buscó ralentizar la sobreexposición capitalista mediante el Kaiserpanorama. Este dispositivo estereoscópico del siglo XIX —perforado con orificios— permitía observar imágenes en movimiento en su interior. Así, su léxico maximalista nos invitó a contemplar la exuberancia teatral desde una experiencia más hipnótica e íntima, potenciada por ventanas cuadradas y sobrias paredes blanco neón que agudizaban el enfoque.
Este performance de apariciones efímeras se iluminó con modelos portando creaciones envueltas en la magia del cine: desde vestidos drapeados cubiertos de lentejuelas con encantadores cuellos isabelinos; vestidos columna recargados de joyería exuberante que arrastraban capas ornamentadas; siluetas de diosa griega adornadas con volutas; propuestas con hombreras ochenteras y acentos medievales; caftanes con incrustaciones doradas en la cintura; vestidos plisados de caída fluida y corte imperio… todos rematados con penachos emplumados desbordantes, dignos de algún musical de los años cincuenta.




Y si esta libertina expresividad no bastara como homenaje, el top y la falda lápiz plateados —bordados con un espíritu Art Déco y acompañados de una capa etérea— se erigen como el statement definitivo: una pieza que no solo honra el legado de Valentino, sino que lo protege con un ojo perspicaz para la belleza.





