En una industria que no espera a nadie, Fátima Molina entra a 2026 con la serenidad de quien ha aprendido a sostener el vértigo. Este año marca un punto clave en su carrera: varios protagónicos en plataformas internacionales la colocan frente a nuevas audiencias, nuevos idiomas y nuevas geografías emocionales. Y, sin embargo, lejos de la euforia desmedida, lo que atraviesa su discurso es una mezcla honesta de ilusión, nervio y gratitud.
“Hay mucha emoción por los estrenos que se vienen”, comparte. Pero también habla de enfoque y concentración, de ese trabajo silencioso que ocurre antes de que el público vea el resultado final. Para Fátima, el verdadero logro no está solo en la visibilidad global, sino en la posibilidad de seguir contando historias que la interpelan, que la retan, que la obligan a explorar “más cabezas, más mundos”.

Los personajes que eligió interpretar este año no se parecen entre sí. Y esa es precisamente la intención. Contextos físicos, temporales, sociales, identitarios, étnicos e incluso políticos completamente distintos configuran un mapa diverso que evita cualquier zona de confort. Lo que la atrajo fue el riesgo: descubrir lugares internos a los que quizá no había llegado antes. “Me daba nervio y un poco de miedo”, admite. Pero en esa incomodidad también encontró emoción. El miedo, en su caso, no paraliza; impulsa.
Moverse entre diferentes productoras y audiencias globales le ha dejado una certeza: la industria audiovisual se transforma a una velocidad implacable. En cuestión de minutos, una historia puede viajar al otro lado del mundo. Esa inmediatez es fascinante, pero también exige adaptación constante. Fátima entiende que evolucionar es parte del oficio, aunque expresa un deseo claro: que los elementos artísticos y técnicos que sostienen las historias permanezcan intactos, incluso en medio del cambio.
Con una trayectoria que ha transitado por la música, el cine y la televisión, 2026 no se siente únicamente como consolidación. Tampoco como ruptura radical. Es, más bien, una reinvención orgánica. Las bases están ahí, construidas a partir de la experiencia; pero cada proyecto, cada viaje, cada personaje transforma algo. Nuevas mentes, nuevos lugares, nuevas emociones. En su carrera, el aprendizaje es constante y la identidad nunca está completamente fija.
Si tuviera que definir la energía que atraviesa sus estrenos de este año, la palabra sería clara: fluir. Algunos proyectos los rodó hace dos años sin saber cuándo verían la luz; otros acaban de terminarse y ya están por estrenarse. Los tiempos no siempre están en sus manos. Lo que sí controla es el presente: actuar, entregar su mejor energía, formar parte de la construcción de una historia. Después, confiar y soltar.

En 2026, Fátima Molina no corre detrás del momento. Lo habita. Y en ese acto —consciente, disciplinado, vulnerable— encuentra su verdadera fuerza.
111: Este 2026 marcas un año clave en tu carrera con varios protagónicos en distintas plataformas internacionales. ¿Cómo describirías el momento profesional que estás viviendo?
F: Hay mucha ilusión, nervio y emoción por los estrenos que se vienen. Pero también viviéndolo desde el enfoque, la concentración, y agradecimiento de poder seguir contando historias que me gustan , con personajes muy distintos, que me llenan.
Con muchas ganas de seguir explorando más cabezas, más mundos.
¿Qué te atrajo de los personajes que decidiste interpretar este año y qué tienen en común entre sí?
F: Que no había interpretado a otros personajes en mi carrera igual a estos. Que sentía que podía descubrir lugares a los que tal vez no había llegado, lo cual me daba mucho nervio y un poco de miedo , pero a la vez mucha emoción.
La verdad creo no tienen mucho en común afortunadamente, por los contextos físicos, temporales, sociales, de identidad y expresión, étnico, incluso políticos. Trabajas con diferentes productoras y audiencias globales.
111: ¿Qué has aprendido sobre ti misma al moverte entre tantos universos narrativos?
F: Me parece maravilloso e increíble llegar en cuestión de minutos a todo el mundo y en distintos idiomas con varios de nuestros proyectos que el mundo.
Seguimos aprendiendo también que la industria del cine y la televisión se mueven muy rápido y todo se transforma con mucha rapidez. Entiendo que la adaptación es muy importante para continuar en este camino. Pero deseo que los elementos artísticos y técnicos que componen nuestras historias sigan permaneciendo.

111: Después de una trayectoria que ha pasado por música, cine y televisión, ¿sientes que estos proyectos representan una consolidación o una reinvención?
F: Hay muchas bases en mi hoy en día que se establecen a través de la experiencia . Pero en esta carrera uno siempre está aprendiendo cosas nuevas, conociendo gente nueva, historias nuevas, personajes nuevos. Esta carrera me permite viajar , conocer nuevos lugares, nuevas mentes, incluso sentimientos. Y es ahí donde siempre se va transformando, a través del conocimiento en muchas de sus formas.
Seguro inevitablemente siempre hay una reinvención.
111: Si tuvieras que definir con una palabra la energía que atraviesa tus estrenos de 2026, ¿cuál sería y por qué?
F: Mi palabra sería Fluir. Hay proyectos que hice hace 2 años y no sabía cuando estrenarían Otros 2 que prácticamente acabo de terminar y ya se están estrenando o a punto de.
Todos son muy especiales para mí. Pero sigo aprendiendo que hay muchas cosas que no están en mi control, hablando de tiempos. Que me toca vivir el presente, aprovechar y disfrutar ese momento que amo que es actuar, ser un pedazo de la construcción de estas historias y dar mi mejor trabajo y energía. Después me toca entregar, fluir, confiar y soltar.





