Es casi seguro que usas o atesoras un collar de cruz. Inimaginablemente, uno de los objetos más sagrados del cristianismo se ha convertido en un símbolo de la cultura pop. Su importancia religiosa, antes incuestionable, sucumbe ante un fenómeno que renueva su popularidad y la reinterpreta en horizontes alejados de toda espiritualidad.
Recientemente vimos a Jenna Ortega vislumbrar el potencial estético de lo gótico al usar una cruz ornamentada con diamantes. Las girlies la lucen como ostentosa joyería vintage. Esta resurrección visual consagra su valor divino dentro de un marco donde su imagen es elevada. Sin embargo, su milenaria iconografía que la envuelve carga mucho más que una intención decorativa.

Hoy, para muchos jóvenes, la cruz es un amuleto de buena fortuna. Aunque en un principio fue un instrumento de tortura del Imperio romano, la religión la resignificó como un recordatorio del sacrificio de Cristo ante los pecados de la humanidad: una declaración de fe.
La devoción que se tiene por esta brújula moral es trascendente.
Su concepto ha sido reinterpretado deliberadamente por artistas, cineastas, diseñadores y fanáticos extremistas. El aura que rodea a la cruz es tan enigmática como opulenta: desde Christian Lacroix usándola como un accesorio imprescindible, John Galliano volviéndola tétrica, Alexander McQueen envolviendola al oscurantismo, Dolce & Gabbana la hizo glamurosa y Versace le dio un matiz barroco.




Y, claro, imposible no olvidar cómo Madonna le dio un significado más subversivo con su videoclip “Like a Prayer” que escandalizó al Vaticano. y la Met Gala de 2018: «Fashion and the Catholic Imagination».
Esta fuente de inspiración también es una declaración política. Inimaginablemente, hasta la clase burocrática quiere parecerse a monjes y cardenales. Hay quienes afirman que un collar de cruz es el “accesorio perfecto para cualquier outfit”. ¿Un signo de orgullo y resiliencia? ¿O charlatanería barata?
¿Es posible que esta reintegración sea algo más que decorativa? Vemos como Kim Kardashian, Chappell Roan y Dua Lipa integran esta pieza santificada quizás como un accesorio elegante más que un preludio: una declaración de moda.

El simbolismo difuso de la cruz parece haber alcanzado una identidad ambigua.





