Si la Motomami nos inspiró a consagrar nuestra vida con un halo semipermanente, hoy podríamos decir que la belleza celestial se ha tornado un poco tétrica. No tan divina, pero sí más espiritual. ¿No significan lo mismo? Tal vez… aunque también podríamos relacionarla con lo fantasmal. Acostumbrados a teñirnos siempre las raíces —como un tratamiento correctivo y rutinario que discretamente oculta las canas—, es momento de experimentar con las imperfecciones. Digan ¡hola! a los ghost roots.

Se ha producido un doble giro en el mundo de la coloración, dando paso a una tendencia que aprovecha esos cambios como una forma lúdica de autoexpresión. Las it girls alternativas llevan tiempo adoptando los ghost roots: Billie Eilish en los Oscars, por ejemplo, lució raíces verde neón en marcado contraste con su cabello negro azabache. Otras han apostado por el rosa ácido, el azul pastel o incluso el dorado, como Rosalía.
Si aún no queda del todo claro… los ghost roots son varios centímetros de raíces que se extienden desde el nacimiento del cabello como un punto de luz casi traslúcido. Buh. Sin embargo, esta estética se ha ido modernizando con un enfoque más chic y sofisticado.
Son arriesgados y difíciles de mantener: requieren una melena que sobrepase los hombros para que la decoloración en las raíces se perciba con claridad, creando un contraste que ilumina el rostro. Un glamour capilar inspirado en los chicos emo de principios de los 2000 y en personajes de anime, elevado ahora a un terreno mucho más subversivo.

¿Grunge? Tal vez.
Un toque de brillo cartoonesco que funciona a la perfección si se peinan con raya marcada al centro, semi recogidos o efecto mojado, intensificando ese contraste vibrante que busca asustar un poco. Un buen modo de cambiar nuestra perspectiva sobre lo que consideramos como terrorífico.





