Mientras el gang se reunía en el L’Étoile du Nord, una antigua sede ferroviaria, Nicolas Ghesquière tenía planeado mirar hacia un lugar donde la sensación de colectividad fuera algo palpable e inolvidable. Una estación de tren, genera mil y uno recuerdos que en cierto modo, influyen en la percepción de tu vida.
Entre la miradas que olvidamos y las que se mantienen por siempre en la mente, esta alegoría cruza la infinidad del tiempo. Un andén produjo elocuentes yuxtaposiciones, en looks totalmente dignos de un viajero. Asimismo, denotando una alegre inspiración en diversas obras cinematográficas, que matizaban color y textura al retrofuturismo de su narrativa.



Volaba tu imaginación cuando tejías múltiples historias al notar la llegada y salida de detectives privados arropados en mantas camuflajeadas con un deslavado terrorífico, ocultas con su gorrito de pescador. Notabas la presencia de apuradas chicas fiesteras en holgados vestidos floreados de tiro bajo, refinadas madames portando mini-abrigos peludos ‘50s, lisas gabardinas de látex y botas vaqueras.



Melodramaticamente encantador fue este divertido collage entre lo refinado y casual, que reflejaba una sincera diversidad de moods. Era todo un pintoresco festín tan vivido como relajante y alegre sacado de alguna pintura impresionista. Delicadas y vigorizantes con sus faldas remolino de tulle, con sus cuellos pilgrim repletos de pedrería y lazos, y un acogedor layering ‘80s con sus exageradas hombreras añadidas a sus provocativos trajes sweater con estampados abstractos con una oda al constructivismo ruso (bueno, eso aparentan).
En el alrededor del recinto, sombras de transeúntes y viajeros caminaban entre los pasillos, mientras las girlies que modelaban veían en los balcones todo el desfile – ese mensaje de comunidad, realza y captura el espíritu de travesía de la maison, con su sensibilidad viajera y originalidad cyberpunk.








