Bajo un imponente tejado de paja, la vibra que emanaba del desfile de Celine era muy optimista.
El enfoque desenfadado y sin pretensiones que ha erigido Michael Rider resulta fresco y ha logrado que su trabajo sea continuamente sensacional y difícil de encasillar. Su propia inclinación por la ropa deportiva estadounidense y su afán por mezclar disruptivamente el legado de sus predecesores han generado una visión que ha sido aceptada al estar definida por el rigor y la intuición personal, abriéndose cada vez más a una espontaneidad sofisticada.
“No planeo mis looks, pero creo que la mayoría nos emocionamos cuando creamos algo y nos sentimos fabulosos”, declaró tras bambalinas.
En sus dos años frente a la maison, su propuesta resulta interesante, ya que hace que la ropa se use de forma espontánea e informal. Todos los arquetipos existentes pueden coexistir, transmitiendo una sensación de euforia constante. “En Celine no vivimos al límite. Vienes a comprar ropa de verdad”, añadió Rider.




Para este desfile, se abstuvo de ofrecer explicaciones, aunque la voz en off del artista Dorian Corey dio a entender que su propuesta es humilde, de espíritu brillante y cargada de optimismo. “Siempre tuve la esperanza de ser una gran estrella. Pero a medida que uno envejece, apunta un poco más bajo. Todos quieren causar impresión, dejar huella en el mundo. Algunas personas recuerdan tu nombre… No tienes que doblegar al mundo entero… Si lanzas una flecha y llega muy alto, ¡hurra por ti!”.
Capaz de albergar diferentes estilos y personalidades, esta temporada tanto girlies como hombres pueden disfrutar de increíbles blazers oversize con hombros estructurados; pantalones harem de seda con cordón ajustable —unos con retazos de estampados y otros de pliegues con efecto arrugado— ajustados con cinturones gigantes de hebillas rechonchas; vestidos sheath y columna de satén —había uno transparente de encaje con incrustaciones y otro naranja con un patrón ornamental arabesco dorado, que eran muy bonitos—; abrigos de cuero de corte impecable y tops fosforescentes de tafetán. La mayoría estaban combinados con zapatos de jazz y sandalias de dos pies, una tendencia impulsada por Rider.
De espíritu ecléctico, la colección era tan casual como moderna. Ciertamente, te maravillas al ver cómo despoja el lado riguroso de la marca en favor de complacer a todos, transmitiendo “una sensación de calma”, mientras “la ropa simplemente hiciera su trabajo”. Consigue que algo extraordinario parezca cotidiano
Nada desentona, todo es usado a favor. La manera en que sus modelos acarrean sus bolsos como si anduvieran con prisa, o incluso cómo sostienen sus resbaladizas chaquetas de gamuza con una mano, y hasta amarran sus gabardinas con un cordón de zapatos, demuestra una practicidad realista.
Como dice él: “sin ataduras ni complicaciones”.
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