La influencia de Carolyn Bessette-Kennedy permanece intacta con el desfile de primavera de Calvin Klein. Repentinamente, las girlies todavía aspiran a convertirse en aquel icono minimalista de los años 90 —en parte gracias a la serie biográfica Love Story—, y Veronica Leoni parece postergar su legado por todo lo alto.
Pese a los volátiles cambios geopolíticos que atraviesa el mundo —como el resurgimiento de gobiernos de ultraderecha en Europa—, el color y la textura vuelven con mayor fuerza. Ciertamente, la tendencia del quiet luxury se ha debilitado con el tiempo, pero la firma se abstiene de que su raison d’être se extinga.
La colección presentada se encamina hacia una transición en la que su sobriedad sea, de algún modo, menos silenciosa, sino que genere impacto. Puede que el minimalismo se enfoque más en el material que en la forma, pero en Calvin Klein, todo importa. La simplicidad arquitectónica de su predecesor volvió, ya que eliminó las capas de otoño por diseños óptimos que remarcan que no necesita de tanta ostentación para que la persona se vea bien.




Mientras las esculturas de Walter De Maria servían de telón de fondo, preciosos vestidos lenceros al bies con escotes asimétricos lucían diáfanos y encantadoramente frescos, así como las largas faldas pencil, que eran combinadas con T-shirts encogidas y tops de tirantes.
Pareciera un retroceso enfocarse en los básicos que definen a la firma, pero, de alguna forma, esa sencillez tan utilitaria —aquellos blazers con camisas de cuello por encima de las solapas puntiagudas, rematados con pantalones flare con pliegues— resulta nostálgica. No son excesivamente formales.
Eso sí, los tops bandeau se usaban sobre camisas de cuello alto abotonadas y resultaban muy noventeros; como si Leoni quisiera que el minimalismo tuviera una actitud más grunge, al combinarlos con bermudas de mezclilla y gabardinas a cuadros (quizás una forma más elegante de presentar la franela).
El vestido azul con mangas deshilachadas que lucía Alex Consani hizo evidente el manifiesto que rige ahora a Calvin Klein. “Yo oriento hacia la mujer que lo habita. Mi minimalismo comienza ahí, en la relación entre el diseño y el cuerpo, sin nada de por medio”.




