Cada vez que escucho a alguien pedir un latte, caliente o frío, automáticamente pienso en la exuberante y maquiavélica bebida de Chanel Oberlin: ese capricho que celebraba el otoño y atormentaba a los exhaustos baristas. Quizá la temperatura de su orden era irreal, pero nos dejaba con ganas de probar semejante ingenio degustativo. Y es …















