Encender nuestro televisor solía ser todo un ritual. Ver algún noticiero presentado por icónicos periodistas nos marcó la infancia y niñez. Adela Micha es una de las pocas que ha conseguido trascender más allá de los foros e inteligentemente, cautivar con su acidez, honestidad y sarcasmo la era de internet.
En aquellos días, tal vez no te interesaba mucho qué llevaba puesto. Digo, el usual look que portaban consistía en un traje pantalón o falda gris o negro. Pero ese aspecto ejecutivo, tal formal seriedad, se ha ido desvaneciendo a favor de una excentricidad bastante única y original.
Más allá de conducir “La Saga”, Adela informa con estilo. No sabes si admirar sus outfits o sus entrevistas. Hay algo magnético en su glamour boho-rock que te impide mirar hacia otro lado – lo lleva a un extremo bastante audaz y provocador.
Hace que un blazer insípido luzca increíblemente fabuloso. De hecho, es la pieza base que equilibra su closet. Me atrevería a decir que es una cowgirl godín: fan de las chamarras de piel llenas de flecos o pedrería y botas altas – dos prendas que armonizan su característico y experimental glam.
Volumen y drama, son palabras que encajan con el maximalismo femenino y kitsch que impone. El layering es su más leal y confiable amigo. Si revisas con atención la cuenta @lamaisonmicha – un insta dedicado a su clóset – la silueta es rimbombante y vagamente oversize. La embellece con pantalones cargo, flare y slim, pigmentadola con la irreverencia de sus camisas llenas de estampados, texturas y bolsillos. Y no olvidemos sus lentes oversize a la Kennedy que adornan su joyería rechoncha de Tuluminati.
El metal asienta en sus prendas, una fuente inagotable de riqueza y lucidez. No hay espacio para la discreción o el control: irradia un espíritu libre, voluminoso y funcional. Caóticamente juvenil. Nunca desentona. Sirve moda. Empodera al salir de lo común.
Es una de las pocas que la cámara no se resistiría en enfocar.





