Hay diamantes que simplemente brillan y luego están los que parecen tener vida propia. Para celebrar los 50 años de sus icónicos Happy Diamonds, Chopard vuelve a poner el movimiento en el centro de la conversación con una nueva campaña protagonizada por Bella Hadid y Liu Wen.
La idea es bastante sencilla, pero muy efectiva: dejar que los diamantes se muevan libremente sobre la piel, siguiendo cada gesto, respiración y cambio de ritmo. El resultado es una campaña con energía cinematográfica donde la joyería deja de ser un elemento estático para convertirse casi en una extensión del cuerpo.
Entre las novedades están los Happy Sport The First, una reinterpretación de los relojes que en 1993 llevaron por primera vez los Happy Diamonds directamente sobre la esfera y combinaron acero con diamantes. Las nuevas versiones llegan en 26 y 33 mm, en Lucent Steel™ y/o oro amarillo ético, conservando la esencia del diseño original pero con proporciones actualizadas.


También se suman nuevos colgantes Happy Diamonds, reinterpretados a partir de una silueta rectangular de 2006 y ahora con formas más abiertas para darle todavía más espacio al movimiento de las piedras. Disponibles en oro amarillo, rosa o blanco ético, se llevan sin demasiadas reglas —porque el concepto de género tampoco parece tener lugar aquí.
Y si algo hace que la campaña funcione es el contraste entre sus dos protagonistas.
Bella Hadid, embajadora de Chopard desde 2024, aporta una energía eléctrica, espontánea y sensual; mientras que Liu Wen, nueva embajadora de la Maison, representa una libertad mucho más serena y precisa. Dos personalidades completamente distintas que terminan hablando el mismo idioma: el del movimiento.


Con dirección de Manu Cossu, fotografía de Greg Williams y una coreografía de Stephen Galloway inspirada en la danza contemporánea, Chopard convierte un gesto tan pequeño como inclinar un hombro o cambiar la mirada en parte de la narrativa. Los diamantes reaccionan, se desplazan y atrapan la luz.
Después de cinco décadas, Happy Diamonds sigue demostrando que el lujo también puede tener algo de espontáneo. Y, honestamente, que un diamante no se quede quieto nunca se había visto tan bien.




