“Una reflexión sobre la humanidad, la empatía y la devoción, sobre cómo la ropa puede transmitir emociones y recuerdos”, escribió Chemena Kamali en sus notas de prensa al mostrar una colección altamente hippie. Aunque bueno, la escena montada––donde un cuarteto de girlies salía en medio de una neblina, envueltas con blazers con canesúes de hombros desmontables, camisas babydoll con volantes y etéreas faldas de cuadros vichy ondeando––transmitia un espíritu lúdico y despreocupado que preserva los valores estilísticos de Chloé.
Con toques de Kate Bush y Joni Mitchell, el desfile de otoño resalta el folclor holandes de una manera audaz y delicada. Kamali tituló su colección «Devotion», subrayando un ambiente pagano casi subliminal y su deseo de exaltar el toque humano, la artesanía tradicional y el sentido de comunidad.




Sin embargo, la feminidad emanada de sus encantadoras túnicas bohemios con volantes fruncidos —que abrazan el torso sin opresión— y ese volumen fluido y poético transmiten esfuerzo humano y amor. “Es una invitación a ver la moda no como una vía de escape, sino como una conexión”, remarcó Kamali. Ese espíritu folk también se percibe en sus faldas de muselina escalonadas y camisoles victorianos con flores bordadas en los dobladillos curvados y mangas abullonadas, rematados con zuecos, botas vaqueras y mosqueteras.
“En un mundo que a menudo se siente mecanizado y acelerado, me sentí atraída de nuevo por la esencia de la confección”. Ese idealismo alternativo se percibe claramente en la sensibilidad romántica que, con un toque de fantasía vintage, construye una narrativa que intenta ver lo mejor incluso en lo lúgubre. La silueta vaporosa de aquel vestido gris —con pequeñas aberturas laterales, escote profundo en V y cintura marcada con lazo, tenuemente embellecido con polka dots— se convierte en un talismán que defiende la sensibilidad y la espiritualidad femenina de Chloé.









