Maison Margiela Fall 2026: muñecas de porcelana

El sonido crujiente de un vestido blanco hecho de porcelana rota de 90 kilos fue música para los oídos. Glenn Martens desafió las convenciones de fabricación de Maison Margiela de una forma poderosamente bella. Una obra que subvirtió los límites de la perfección y que, cada vez más, resulta terrenal y kitsch.

Buscando recontextualizar el ethos de la casa, Martens decidió abandonar París y aventurarse a presentar su colección —que incluía prêt-à-porter y la línea Artisanal— en un muelle de contenedores de envío a las afueras de Shanghai. Un ejercicio impulsado por la expansión comercial que no opacó sus deseos de mostrar el potencial que tienen los residuos, la destrucción e incluso la memoria. Además de subvertir las expectativas de la industria con un lugar atípico.

En medio de un ambiente industrial, la belleza del reciclaje emergió ferozmente. El eje conceptual fue el mercadillo parisino, donde lo desechado y lo valioso conviven sin jerarquías. Así, el vestido final —una pintura de cinco metros procedente del Marché de Saint-Ouen— se transformó en una pieza de moda humildemente imponente.

Además de evocar una asociación directa con China, la experimentación técnica rompió con la austeridad del drapeado casi escultórico. De hecho, las texturas eran súper imponentes, con ondulaciones tan enredadas que se movían como torbellinos congelados, fijados con cera de abeja. Así, un vestido eduardiano construido con fragmentos de porcelana unidos con organza y otro aún más laborioso, hecho con 150,000 pegatinas de miniestrellas, contrastaban con una versión en rosa metálico, fulminante y contemporánea, y con otros looks de estampados florales desvaídos, más ligeros, pero igualmente dramáticos.

Lo imposible impulsa la mente científica de Glenn, que se aventura a explorar el lado más romántico e histórico de Margiela. Puede imaginarse a Madame X o a alguna señora refinada de la Golden Age usando vestidos de pliegues ondulantes y volúmenes escultóricos, capaces de apoderarse de una pintura. Incluso junto a caballeros que vestirían fracs sin cola, pintados con bianchetto o mezclados con jersey y cuero, adaptados a un lenguaje actual. La deconstrucción resaltaba la crudeza muteada de una chaqueta patchwork de mezclilla con trazos de vinilo.

Claro, las máscaras pueden desviar la atención de la persona hacia la ropa, manteniendo el anonimato como un gesto colectivo más que individual. Pareciera que Glenn trata de acercarse a la verdadera esencia de la casa… y ahora es convincente.

Alberto Jimenez

Alberto Jimenez

Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda, es un favorito aperitivo de degustar