El mundo de los certámenes de belleza acaba de tener su propio “mic drop moment”. Todo ocurrió en Tailandia, durante la ceremonia de entrega de bandas de Miss Universe, cuando Nawat Itsaragrisil, director del concurso, reprendió públicamente a Miss México, Fátima Bosch, y pidió a su equipo de seguridad que la retirara del escenario. El gesto, transmitido en vivo y viralizado en segundos, provocó una ola de indignación dentro y fuera del evento.
Lo que parecía una noche de glamour y lentejuelas se convirtió en un espectáculo incómodo que expuso las tensiones entre organización y concursantes. Fátima, visiblemente confundida, fue escoltada fuera mientras el público y sus compañeras intentaban entender qué acababa de pasar. La escena fue tan impactante que varias delegadas decidieron abandonar la ceremonia en solidaridad con Miss México, desatando un efecto dominó que ningún organizador pudo detener.
Las redes sociales hicieron lo suyo. En cuestión de horas, TikTok, X y Instagram se llenaron de videos, análisis y hashtags exigiendo respeto y transparencia. Algunos usuarios calificaron el acto de “abuso de poder” . En los comentarios, fanáticos y expertos en certámenes coincidían: lo que debía ser una celebración internacional se convirtió en un episodio que dejará marca en la reputación del concurso.
Para quienes siguen de cerca el Miss Universe, no es la primera vez que el certamen —y sus directivos— se encuentran en el ojo del huracán. Nawat, conocido por su estilo frontal y su necesidad de protagonismo, ha sido criticado antes por comentarios polémicos y decisiones controvertidas durante las competencias. Pero esta vez, la situación escaló a otro nivel. La imagen de una candidata siendo retirada frente a cámaras contradice la narrativa de empoderamiento y sororidad que el evento intenta proyectar.
@jess3609 #CapCut Fatima Bosch es expulsada de la Inposicion de Bandas en Tailandia 🫣🫣#fatimabosch #mexico #tailandia #missuniverse
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Mientras tanto, Fátima Bosch ha mantenido una postura firme y elegante. A través de sus redes, agradeció el apoyo recibido y se limitó a expresar que “todo pasa por algo”. Su respuesta ha sido celebrada como una muestra de dignidad y autocontrol frente al caos mediático. En contraste, el silencio (y posterior defensa) de la organización solo ha aumentado la tensión y alimentado la conversación global.
Más allá del escándalo, este episodio reabre una conversación importante: ¿qué tanto poder tienen las organizaciones de belleza sobre sus participantes? En una era donde la autenticidad y la voz propia son más valoradas que nunca, escenas como esta evidencian la desconexión entre los valores actuales y las estructuras tradicionales de este tipo de certámenes.
Lo cierto es que el nombre de Miss Universe hoy suena más fuerte que nunca, pero no por las razones que quisiera. En tiempos donde cada gesto se amplifica en redes, el glamour ya no basta: el verdadero “gran” título se gana con respeto, empatía y coherencia. Y eso, al parecer, fue lo que más faltó en Tailandia.
@missuniverse5801 Fátima todos estamos contigo, no puedo crees que el cirquero de quinta de nawat le haya faltado el respeto, eres una reina porque tienes una voz y no estás sola💔🫶🏻🫶🏻 #missuniverse #fyppppppppppppppppppppppp #fatimabosch
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