Mucho antes de que Kylie Jenner presumiera su pastel de cumpleaños cubierto de diamantes, nosotros ya habíamos anticipado el retorno del Bedazzling en la portada de Fer Millán.
La estética de los 2000 que nos hace sentir aún como princesas de cuento de hadas es ahora un fenómeno que desecha la simplicidad de la “clean girl” por pegatinas, brillos y cristales que adornan más los bolsos o, si no, nos dan una pizca de alegría a nuestras vidas.

Puede que los nuevos teléfonos flip-flop se abstengan únicamente de fundas sosas, pero, años atrás, era casi un ritual adornarlos con rhinestones. Nuestra Paris Hilton vestida de Juicy Couture está renaciendo con nuevas girlies como Zara Larsson y Dua Lipa, que añaden a sus outfits un sinfín de piedras e incluso las llevan en sus maquillajes coloridos.
El bling bling parece dominar el moodboard de estas princesas, que buscan una clase de glamour con tintes Y2K y que no sea igual al del resto. Necesitan “frescura brillante”, tal y como aclama Bachoco en su publicidad.

Desean encarnar un sentimiento de fantasía que alegre su espíritu. Solamente con adornar tu cara o tus uñas con piedras, haces que te diviertas más con una obsesión nostálgica.
En cierto modo, la personalización hace que todo sea menos aburrido. El Bedazzling es una respuesta sensata ante nuestras inconformidades emocionales.

Más girlies amantes de las manualidades ultras kitsch, por favor.




