El mundo quedó atónito cuando, en la mañana del domingo 11 de agosto, Vogue publicó las fotos oficiales de la boda de Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez.
Cientos apostaban por una boda ostentosa en algún palacio de Italia, pero no. La pareja de recién casados decidió llevarla a cabo en su sala de estar, en su nueva casa de verano en Cascais, Portugal. Y, de paso, ser bendecidos en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima.
“Dentro de 30 años quiero que los niños piensen: ‘Algo maravilloso ocurrió en esta mesa: los votos matrimoniales de nuestros padres’”, expresó al medio. Sin embargo, Rodríguez aseguró que “en el futuro tendrán una gran boda para poder celebrarla con familiares y amigos”.

Entre las fotografías tomadas por el legendario Juergen Teller, tanto ella como Ronaldo vistieron Gucci: un traje de falda de faille de seda blanca con zapatos de satén y un traje de algodón beige claro a medida, respectivamente. Un homenaje al lugar donde se originó su romance.
Pero tanta simplicidad nupcial no impidió que Georgina luciera tanto su anillo de compromiso, con un diamante ovalado, como varias joyas luminosas de la colección “Garden of Kalahari” de Haute Joaillerie de la maison Chopard: un imponente collar, pendientes, anillo y brazalete de 50 quilates, elaborados en oro blanco.
Una selección que vislumbró un momento romántico e inolvidable por su lucidez y genuinidad.





